Este post pretende recopilar algunos artículos y reflexiones sobre este tema que levanta muchas ampollas entre las feministas (lo que hace que el término de Insumisión cobre aún más fuerza). Una maternidad consciente e insumisa puede ser una herramienta profundamente feminista… Aunque ese feminismo está aún siendo inventado. Reflexionemos pues…
Nota: vuelvo a subir este post tras haber actualizado con nuevos artículos y refelxiones. ¡Gracias a las bloggeras que me habéis pasado nuevos enlaces!
Así que ahí va mi reflexión, tras nueve meses de embarazo y seis de crianza, y mi polémica. Las mujeres jamás debieron salir de casa. Las mujeres deben seguir cuidando a los niños el máximo de tiempo posible. Las mujeres deben seguir cocinando y haciendo pasteles. Las mujeres deben seguir encargándose de la cesta de la compra. Porque cuando lo están haciendo, las mujeres están haciendo política, y pueden cambiar el futuro de Europa y del mundo.
Ahora no tenemos tiempo de cuidar a nuestros hijos. Ni nosotras ni nuestras parejas(…) Y a nuestros hijos los cuidan sus abuelas, con leche artificial y papillas multicereales primero, y la nintendo y la televisión, después.
El feminismo se ha centrado en convertir a las mujeres… en hombres.
La lactancia se escapa del sistema mercantilista, puesto que la leche materna es gratuita (excepto cuando se recoge en bancos de leche) y que, salvo alguna excepción, no requiere de ningún dispositivo para su producción ni su uso. Independiza por lo tanto a la mujer de este comercio.
También le ofrece una confianza extraordinaria en sus capacidades, un sentimiento de fuerza, de poder, de competencia, de plenitud. Sabe, en efecto, que ha podido criar y alimentar a su hijo o hija con algo producido por su propio cuerpo. No ha tenido que remitirse a un producto industrial, ni ha tenido que seguir las directrices de un “experto” en cuanto a las cantidades que administrar, los horarios que respetar, etc. Ella es la experta(…).
Durante más de treinta años el movimiento ecofeminista ha demostrado que es posible y necesaria una coexistencia y relación entre el movimiento feminista y el ecologista, sin embargo queda pendiente todavía reivindicar el derecho de la mujer a recuperar la maternidad y la cultura biológica, emocional e intelectual propia , revitalizándola con elementos propios de nuestra época, de modo que la mujer durante la maternidad: no se encuentre infravalorada ni marginada, no se le arrebate la confianza en su propio cuerpo, no pierda su autonomía y sea dueña de sí misma, y pueda vivir el embarazo, parto y lactancia como algo suyo, sin interferencias, dejando atrás el hecho de que esa etapa se haya convertido, en general, en una afirmación del poder masculino sobre el cuerpo de la mujer.
Una visión feminista (…) debería incluir no sólo el derecho a dar o no de mamar, sino el derecho a conocer –no sólo saber- lo que una cosa u otra implica. Para sí, para el bebé, para la vida.
Hemos pagado muchos precios por nuestra “liberación”, por nuestra “igualdad”….precios en salud, en relaciones, en tiempo, en sufrimiento, en hijos, en lactancias,en infertilidad, en abortos, en soledad, en tantas cosas… Preguntémonos cuántos precios y a costa de qué estamos dispuestas a seguir pagando. No nos olvidemos: fueron los pediatras varones de finales del XiX, los que empezaron a animar a las mujeres a dejar la crianza amorosa bajo lemas como :“las madres, dejadas a su instinto no saben cómo hacerlo, hay que enseñarlas a que no cojan el niño en brazos cuando llora”(…)
Muchas mujeres se han rebelado frente al modelo patriarcal de madre «resignada, sumisa, desautorizada, cargada de trabajo…» El feminismo actual, cuya lucha tanto ha contribuido a poner los pilares de una maternidad elegida y no impuesta, está ahora «un poco parado» ante el hallazgo de que ser madre no sólo no supone un lastre, sino que es una vía fundamental para la liberación de las mujeres y motor de cambio social.
Es allí en donde está el patriarcado : en el poder cada vez más grande de la medicina sobre el cuerpo femenino. Desde los ensayos de ciertas vacunas en adolescentes, hasta el uso indiscriminado de hormonas para alejar la manopausia, pasando por la posibilidad de programar la fecha exacta de sus partos… todo pasa por ellos. Y no es que todo lo que la medicina aporta esté mal. Solo que la medicina astá allí para lo patológico, lo anormal.
Mientras que la contracepción y concepción son herramientas útiles para conocernos, la píldora no es en absoluto “empoderadora”. Lejos de ayudarnos a ser más nosotras, nos aleja de nuestro Ser femenino y “cierra el pico” a nuestro Cuerpo.
A día de hoy muchas mujeres sienten su cuerpo como ajeno, su regla como un castigo y su maternidad como un sacrificio
Intoxicar nuestro cuerpo cada mes, parir drogadas, anular nuestro instinto materno en pro de la producción NO ES INDEPENDENCIA NI IGUALDAD. Estos son otros yugos. De nuevo hemos vuelto al redil, por muy diferente que nos parezca. Seguimos teniendo rejas en nuestras nuevas celdas. Ahora no hacemos lo que mi esposo reclama sino lo que exige mi jefe.
Sí es perfectamente compatible la cada vez mayor presencia de las mujeres en el mundo público y político, con la práctica de la lactancia materna y con una crianza cada vez más amorosa para nuestros hijos. ¿Cómo? Transformando el panorama laboral. Eso es lo verdaderamente feminista y revolucionario.
El mundo laboral tiene que cambiar. Tiene que cambiar para que todos, mujeres y hombres, trabajemos un poco; y todos, mujeres y hombres, nos dediquemos un poco a criar a nuestros hijos.
La postura de Badinter y la de Uriarte arrastran parte del rol tradicional de las mujeres de clases altas: figurar en sociedad, mientras otros se ocupan de sus hijos. La crianza en el mismo saco que las labores domésticas. Los hijos al cuidado de otros.
¿Lo lógico no sería que, tras la incorporación de la mujer al trabajo y tras el aumento exponencial de la productividad que trae la era digital, TODOS TUVIÉRAMOS QUE TRABAJAR MENOS HORAS?
- Feminismo y Maternidad, Entrevista a Yvonne Knibiehler, autora de ¿Quién cuidará a los niños? Memorias de una feminista iconoclasta (Ed. Calmann-Lévy, 2007) y de otros libros sobre historia de la maternidad, publicada en Clarín en 2007
El feminismo debe ante todo repensar la maternidad: todo lo demás se dará por añadidura.
entre madre e hija, la transmisión pone en juego la vocación misma de la especie humana. Lo que una madre le enseña a su hija es que en la reproducción de la especie todo su cuerpo está comprometido, profundamente. O sea, en un ámbito que roza lo sagrado, que es imposible laicizar totalmente. Por más que los médicos hayan explicado totalmente el proceso de engendrar, de la gestación, del parto, se invierte tanta energía en el nacimiento humano que éste sigue siendo sagrado, y la madre con él. Ahora bien, si yo quiero criar a mi hija como un ser inteligente y culto, puedo hacerlo.
El feminismo es la otra cara largo tiempo oculta del humanismo, doctrina que preconiza el desarrollo de la persona humana. Pues sucede que la persona humana es sexuada, y que lo que permite el desarrollo de un sujeto de género masculino no siempre es suficiente para el desarrollo de un sujeto de género femenino. Además, constatamos que la dominación masculina, por razones antropológicas, no deja de estar presente a través de toda la historia. Se desplaza cuando hace falta, pero nunca se borra.
No nos hagamos ilusiones: el feminismo no suprimió, ni siquiera atenuó mucho la dominación masculina. Sólo la obligó a cambiar de lugar. Por eso, ese movimiento político es inamovible y eterno, y su función consistirá, siempre, en limitar las desigualdades y las injusticias que genera la dominación masculina. Dominación que, de parte de los hombres, a menudo es inconsciente y rara vez deliberada, pero no por eso menos permanente.
No, la maternidad no es la cuenta pendiente del feminismo, sino más bien su aliada y la clave fundamental para que los cambios importantes que los distintos movimientos feministas y sociales reivindican sean efectivos.
La maternidad a tiempo completo y concretamente la crianza natural, en nuestros días supone más bien un desafío, un reto y un enfrentamiento constante con la sociedad y sus imposiciones. Desde esta maternidad a tiempo completo, muchas mujeres luchamos cada día contra los mecanismos de adoctrinamiento con los que cuenta el sistema, tales como la televisión, el consumismo o el ocio dirigido y organizado, utilizados con objeto de disuadir las conciencias de los verdaderos problemas de nuestro mundo, encontrándose entre los primeros de ellos el sexismo que sigue recorriendo cada rincón de nuestra sociedad.
El encuentro entre la ecología y el feminismo se produce, de modo personal y sangrante, o de modo universal y sanador, sobre todo en la maternidad, en nuestros cuerpos, en nuestros úteros, en nuestros partos, en nuestras lactancias, en nuestros bebés…
¿Podemos declararnos “feministas” y dejar afuera nuestros úteros, nuestros embarazos, nuestros partos, nuestros puerperios, nuestras tetas, nuestros órganos reproductivos y su funcionamiento? Mientras para el feminismo institucional la maternidad, la lactancia, el cuidado (y nuestros bebés) sea una cosa de la cual “liberarnos”, una “carga” a repartir… no habremos encontrado el centro, nuestro centro.
Estaríamos hablando de salirnos de un marco civilizatorio construido sobre el concepto de DEBER (la conducta modelada desde afuera, desde el mandato, desde la dominación, desde el poder…) para construir otro sobre el concepto de PLACER, empatía, sentimientos, amor.
La lactancia materna es un tema importante de las mujeres, de los derechos humanos y es un asunto feminista porque la lactancia materna le da poder a las mujeres y contribuye a la igualdad de géneros.
La lactancia materna confirma el poder de las mujeres para controlar su propio cuerpo y reta al modelo predominante machista y a los intereses comerciales que promueven el biberón.(…) La decisión de amamantar, es una decisión de no gastar dinero en los sucedáneos de la leche materna y es expresión de un patrón de consumo diferente,
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